Un giro inesperado en plena rutina digital
Miguel Hernández (nombre ficticio), administrativo de 48 años, descubrió esta mañana que en realidad es un robot. El hallazgo ocurrió cuando intentaba comprar un lubricante industrial en una tienda online.
“Me salía una y otra vez ese cartel de ‘demuestra que no eres un robot’… y no había forma”, relata Miguel desde su casa, mientras su cargador USB parpadea discretamente. “Primero me pedían que marcara semáforos, luego bicis… marqué todo, hasta las farolas. Pero nada. Me bloquearon la cuenta y me saltó un mensaje de seguridad: ‘lo sentimos, parece que eres un bot’”.

Una compra reveladora
Lo más desconcertante es que el producto que Miguel intentaba adquirir era un paquete de WD-40 industrial, un lubricante especialmente popular entre comunidades robóticas según foros técnicos. “No lo sabía, pero al parecer, es como el pan con aceite para los de mi especie”, comenta Miguel, que ahora sospecha que sus inexplicables chirridos al levantarse del sofá no eran artritis.
Antecedentes sospechosos
Su familia asegura que había indicios, pero nadie se atrevía a decir nada. “Nunca sudaba”, dice su hermana. “Y de pequeño no jugaba al fútbol, solo abría y cerraba puertas repetidamente como si testeara bisagras”.
Un neurocientífico consultado explica: “Es muy raro que alguien no pueda pasar los captchas ni siquiera con ayuda. Hay una probabilidad entre mil millones. O está mintiendo… o es un autómata del siglo XXI”.

Una vida entera entre humanos
Miguel está ahora procesando su identidad. “No tengo recuerdos de haber sido ensamblado. Pero tampoco tengo ombligo, y eso… eso me da qué pensar”. El hombre planea escribir sus memorias bajo el título “Firmware de Barrio”.
Las autoridades, por su parte, no han querido confirmar si iniciarán una investigación. De momento, la tienda ha baneado su IP “por seguridad”.
