Madrid, dimensión paralela número tres
Leire Díez ha vuelto a escena para dejar claro que lo suyo no es corrupción, sino “turismo judicial con todo incluido”. En sus propias palabras:
“Si yo regalo vacaciones, es por cariño institucional. Que luego la gente hable de sobornos es pura envidia de no haber estado en la playa con pulsera de todo pagado”.
Fuentes imaginarias aseguran que, en su mundo, ofrecer favores a cambio de información no es delito, sino una práctica ancestral conocida como “trueque deluxe”, muy respetada en tribus de ejecutivos que visten mocasines sin calcetines.

Variantes La filosofía Leire™
Para Díez, la justicia es como un coche viejo: necesita “un poco de chapa y pintura, un par de regalos estratégicos y, si hace falta, un fin de semana en Cancún para el mecánico”. Ella lo llama tuneo legal. El resto del planeta lo llama cohecho.
Preguntada por su estilo de trabajo, respondió:
“Mi método es muy simple: detecto quién puede cerrarme un caso y le envío flores… y ya, si cuela, un apartamento en la costa.”
El plan maestro
Entre sus herramientas favoritas para “crear sinergias” se encuentran:
- Tarjetas de embarque rellenas a lápiz para que se puedan borrar destinos.
- Envoltorios de bombones rellenos de post-its con contraseñas.
- Disculpas institucionales servidas con gin-tonic premium.
Según ella, todo son detalles sin importancia, como quien regala una maceta con una nota que dice: “Nos vemos el martes en el reservado del juzgado”.
Postdata editorial:
“Solo hay personas que no saben aceptar un regalo sin ponerse nerviosas.”
Mientras tanto, en el resto del mundo, esa frase es precisamente la definición de corrupción.
